Ven y ve!
July 20, 2009 | posted by Lars under assembly 15, mwc, paraguay! | Comments (21)
“Come and see.” The text of our greeting to the MWC assembly on Wednesday, July 15, for what it’s worth. The English version is below.
El texto de nuestro saludo a la asemblea del CMM, de esta miercoles, el 15 de julio, por lo que vale. La versión traducida sigue.
¡Hermanas y hermanos! ¡Que bueno es a vernos todos juntos! Por varios meses, para muchos de nosotros, esta semana ha sido solo un sueño - quizas un sueño malo para los encargados con las logÃsticas - pero en tal manera estamos juntados acá de las ciudades más grandes del mundo, y las casas por senderos polvorosos, de las montañas, desiertos, costas, y llanos. Nuestros historias y contextos son diversos. Venimos de familias con raÃces menonita bien profundas, y comunidades en cuales los demonios de drogas y alcohol poseen demasiados. Venimos de culturas religiosas y sociedades desencantadas con la religión. Pero unimos juntos porque nuestra visión - nuestra pasión - es singular: seguir juntos en vida y muerte, por el poder del EspÃritu Santo, los caminos de Jesucristo, nuestro salvador y el único hijo del Creador, nuestro Dios. Me da alegrÃa que nosotros, aunque somos muchos, podemos juntarnos alrededor de este centro, a pesar de gran diferencias en nuestros hábitos de vivir y alabar (son lo mismo, ¿no?)
Y han sido mucha razón para gozarse en camino hasta acá en bicicleta tras de los seis meses pasados. Salimos de nuestro pueblito de Harrisonburg, Virginia en los Estados Unidos en la lluvia el 6 de enero, sin fijarnos ni en que lleva la semana, sin decir los 12,000 kilómetros enseguidos. Sà planeamos el viaje; hicemos investigación, juntamos equipos y provisiones, y contactamos iglesias y organizaciones en los paÃses por la ruta para aprender de y compartir con nuestros anfitriones. Pero nada de eso nos preparó para recibir la hospitalidad increÃble de gente única por toda la ruta.
De veras, aunque llevamos una carpa todas las casi 8,000 millas, se nos preguntó por que. Solo la armamos dos veces; los otros 182 noches, nos hospedaron anabautistas, católicos, y evangélicos, restauranteros y bicitaxistas, arquitectas y estancieros, en casas, colegios, y hospitales, parroquias y salones comunitarios. Estar recibidos como invitados no anticipados en tantas lugares, vez tras vez ha sido una experiencia abromada y que nos hizo sentir más humilde. Através de lo, creo que hemos visto un poquito de que Jesús quiso decir cuando dijo “les aseguro que todo el que por mi causa y la del evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos, o terrenos, recibirá cien veces más ahora en este tiempo (casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y terrenos, aunque con persecuciones); y en la edad venidera, la vida eterna.” Y por eso, nos regocijamos.
Pero nuestro viaje también ha sido una causa para lamentarnos, como si estuviéramos descubriendo el tamaño de una herida auto-infligido en el cuerpo de Cristo. Posiblemente porque parecimos (con razón) ser bien vulnerables, andando en bici, nuestros anfitriones y gente que encontremos nos daban consejos del camino adelante. Casi sin excepción, los consejos estaban malos. “Hay mala gente allá. No les van a recibir,” nos decÃan, “les van a robar. Van a enfermarse.” Pero en esos lugares maldichosos, se nos hospedarÃan como antes. Nuestra experiencia nos dijo a buscar con esperanza y expectativa lo bueno en las personas. Para nosotros, esta quiso ser vulnerables a recibir de otras lo que el EspÃritu Santo podrÃa proveer por medio de ellos hecho en el imagen de Dios.
Cruzamos la frontera estadounidense-méxicana en los principios de febrero, durante una época de violencia elevada entre los militares y narcotraficantes allá. El invierno en el norte también es una temporada cuando los migrantes tratan hacer el viaje duro por los desiertos para entrar a los Estados Unidos, y estábamos quedando con unos de ellos en una casa migrante de los católicos en Nuevo Laredo. No fijábamos de la situación enseguida, y por eso preguntamos a nuestros compañeros de cuarto que acabaron de pasar la región. Como siempre, habÃa varios consejos, la mayorÃa mala. Un hombre nos dijo, “en serio, espero que lleguen a Monterrey vivos.”
AsÃ, con estas consejos llenando nuestros mentes, salimos por la lluvia otra vez, mirando cada movilidad con más sospecha. Fue mediodÃa y estábamos solos en la carretera cuando un van blanco nos acercó y manejó despacio - a 20 kph - al lado de Jon. Nuestros mentes estuvieron volando. TodavÃa manejando, el conductor bajó la ventana y dió la mano, con un cartón de pizza. “¿Quieres una pizza?” preguntó. “¿Porque no?” respondió Jon, y allá, en camino, le dió la pizza y seguió, dejándonos a disfrutar una pizza entera y calientita en el medio del desierto lluvioso. Era deliciosa, pero más parecÃa un señal de Dios, quitando nuestros preocupaciones como la neblina y causándonos a notar que habÃa más razón para esperar que temer.
Esta senario se repitió con tan frecuencia - aunque no siempre con tantas pizzas y drama - y con bastante consistencia que me causó pensar en cuando los discÃpulos estaban encontrando a Jesús por la primera vez. Cuando oyó de esta Jesús de Nazaret, Natanael pregunta, “De Nazaret?! Acaso de allà puede salir algo bueno?” Filipe, el evangelista, solo dice, “Ven y ve.”
Parece que sea asÃ. Tenemos que venir y ver. Tan fácilmente nos encontramos al lado de Nathanael, creyendo y repitiendo las malas noticias oyemos de otra gente y otros lugares, sin permitirles un chance a ser diferente. Encontramos muchas reputaciones de cada área, pero lo más resistente llegó ser también lo más doloroso. Frecuentemente se nos oirÃan de personas que pertenecen a las iglesias evangélicas comentarios como, “católicos no leen la Biblia, yo leo la Biblia,” o preguntas como, “Eres Católico, o Cristiano?” (Interesantemente, lo casi nunca fue al revés, aunque muchas veces quedamos con católicos.)
Estos divisiones con tanto inflamación ciertamente no son por el camino de Cristo; porque aunque somos de confesiones muy diferentes, somos de una fe, de un solo cuerpo. Seguir a Jesucristo requiere esperar por y buscar activamente lo bueno que es dentro de cada uno de nosotros. Encontrar a Jesús Christo entre nosotros requiere dejar prejuicios y formar ojos y oÃdos que miran y escuchan con amor, no juicio.  Asà como aprendimos de otro par de viajeros unos dÃas después del resurrección de Jesús, si estamos dispuestos abrir nuestros ojos y corazones, damos cuenta que Jesús esta con nosotros, caminando con nosotros, enseñándonos, partiendo pan con nosotros.
AsÃ, con nuestro corazón ardido, paramos antes de ustedes. Juntos con ustedes y muchos y muchas más, seguimos el camino de Jesucristo. Ha sido un viaje larga a este punto para todos, y seguro que es un camino largo al fin. Caminemos juntos con ojos abiertos, compartiendo historias de fieldád y esparciendo historias de esperanza. ¡Vamos, andando, caminando con alegrÃa!












